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¿ Te estás comunicando ?

Al  entrar en una casa dónde hay  perros, es probable que éstos comiencen a ladrar. Sabemos muy bien lo que eso significa: ellos les “avisan” a sus dueños que  alguien extraño a la familia entró en su territorio.

Otros animales utilizan otras formas de comunicación, para hacerlo entre ellos y para con los humanos.

Por ejemplo, algunos animales utilizan señas “olorosas” para dejar en claro que ése es su territorio, o las abejas lo utilizan para alarmar a su enjambre, y lograr que éste salga a atacar al posible invasor. También otros animales utilizan el olor para comunicar a otros de su misma especie pero de diferente sexo, que están prontos para procrear.

Existen diferentes formas de comunicación entre los animales, a través de centelleos luminosos, a través de dulces trinos, de sonidos subacuáticos y otras más.

Pero la comunicación humana es la más compleja y más completa del planeta tierra.

Muchas veces se nos hace  muy difícil saber comunicarnos con los demás, con nosotros mismos, y sobre todo con Dios.

Para poder comunicarnos con los demás utilizamos diferentes formas  de lenguaje. La forma más común es la palabra en diferentes idiomas y culturas. Para expresar lo que sentimos, deseamos o pensamos, el lenguaje hablado es el más sencillo de utilizar. Pero existen otras formas de comunicarnos: con un abrazo, con una sonrisa, con un gesto, con la mirada, o simplemente sin mirar. A veces no hace falta hablar para saber qué nos quiere decir la persona que tenemos enfrente. Convengamos entonces que  hablando se  entiende la gente, pero no siempre se encuentran las palabras o los momentos adecuados para hablar y se nos hace difícil el poder comunicarnos correctamente.

Si  ya es bastante difícil comunicarse con otros,  mucho más difícil se hace comunicarnos con nosotros mismos.

A veces no sabemos porque reaccionamos de determinada manera, ni siquiera nos detenemos a pensar en lo que estamos sintiendo. Algunas veces el cuerpo es el encargado de comunicarnos cosas.

Comenzamos a sentirnos mal y comprendemos que nuestro organismo está reaccionando de forma que nos “avisa” que hay algo que no está bien. Y debemos aprender a escuchar a nuestro cuerpo y a nuestro organismo. Las enfermedades sicosomáticas pueden enseñarnos que no estamos expresando todos nuestros sentimientos y que nuestro cuerpo de todas maneras necesita comunicarlos.

Pero muchas veces olvidamos  comunicarnos con nuestro Creador. Pensamos que sólo debemos comunicarnos con nosotros mismos, o con quienes nos rodean, pero nos olvidamos que Dios quiere comunicarse con nosotros.

¿Existe una forma de comunicarse con Dios? Por supuesto, y no la busquemos  de maneras  estrafalarias: Dios no  necesita medios de comunicación para hablar contigo, no necesita de mediums, no necesita de ángeles especiales, sólo necesita tu oración.

La oración es la forma que tenemos de comunicarnos con Dios, es el momento en que le contamos a Él todas las cosas, buenas y malas, que tenemos en nuestro corazón y es la forma que tenemos para expresarle el amor y el agradecimiento que sentimos hacia Él.

¿Sabés orar? 

Simplemente cerrá tus ojos, no como un ritual místico sino para poder concentrarte sólo en Él, y comenzá por agradecerle por todas las cosas que Él hace a diario por vos. Después pedile por cada una de tus necesidades y dificultades y por último pedí todo en el nombre del Señor Jesucristo. Es la forma más sencilla de comunicación y sin necesidad de intermediarios porque Dios no los necesita.

 

 

¿Te estás comunicando con Dios?

Espero que sí, porque no hay nadie mejor que Él para entendernos y ayudarnos. 

                                                         Priscila B. de Calatzian

 

 

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