¿Cómo está tu relación
contigo mismo/a?
Está bien,
regular o mejor no hablamos del tema?
Puede
que te sientas enojado/a porque no sos como quisieras en diferentes
aspectos: físico, intelectual o económico. O porque tu vida no parece tan emocionante como la de tus compañeros/as
de clase o tus amigos de la iglesia.
Tal
vez no te gusta tu cuerpo, o te parece que no sos lo suficientemente
inteligente como para terminar el liceo o el año que te queda
por delante.
Puede
que te preguntes: "¿Por qué nací en esta familia y no en la de...?", "¿por qué no tengo los ojos de ...?", o "el pelo de... ?", o "la posición económica
de...?"
Si
alguna de estas cosas te hace sentir inferior a los demás, indica que tu
autoestima no está en
el nivel adecuado, está por debajo.
Y
qué es la autoestima? Es justamente el concepto que tenés
de ti mismo/a.
Pero ¡no
te quedes así! Sabés?
Hay alguien que te quiere tal cual sos, ése es Dios.
Él sabía cómo ibas a ser, y en qué lugar ibas a crecer, por eso te quiso hacer así como sos. Él te quiere de esa manera: con ese cuerpo, esas facciones, esa inteligencia, esa posición económica y esa familia. Él quería que fueras y así te acepta. Te vio desde que te estabas formando en el vientre de tu madre, te conoció antes de tu primer ecografía!
Esto lo confirma el Salmo 139: 13,15 y 16, que dice:
"Porque tu formastes mis entrañas, tu me hicistes en el vientre de mi madre. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien en lo oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra; mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas, que fueron después
formadas, sin faltar una de ellas"
Así que no hay motivo para
llevarte mal contigo mismo/a, por no parecerte a lo que desearías
ser físicamente, inteligente, intelectualmente o económicamente.
Hay
alguien que te ama incondicionalmente, y que quiere que tú también
te ames a ti mismo/a, porque sos criatura de Dios, hecho a su imagen
y semejanza. Para Él es una ofensa que no te aceptes, porque
quiso hacerte así.
Es
hermoso saber que Dios quería que tuvieras esos ojos, ese pelo, ese cuerpo, esa inteligencia, esa familia y que te acepta así. Por lo tanto: no intentes ser como los demás, no
gastes tus energías en quejarte por lo que no te gusta de ti, más
bien empieza
a mirarte a través de los ojos de Dios, como criatura hecha a su imagen y semajanza y tu
visión de ti mismo/a cambiará.
¿Te animás
a llevarte mejor contigo?
Lic.
en Psicología María Dina Boyadji Gedikian.