SAL Y LUZ     

Serie: EL SERMÓN DEL MONTE
Tomado de Mateo 5. 13-16

 

Para quienes son lectores de nuestra página de niños, les recordamos que el mes pasado empezamos a contarles algunas de las enseñanzas del Señor Jesús en el Sermón del Monte.
Hoy les ofrecemos una nueva, así que...adelante con la lectura.

 

Si decimos de un bebé: ¡es un bombón!, queremos decir que es muy dulce. Si decimos de alguien que es un rayo, queremos decir que es muy rápido.
¿Qué habrá querido decir el Señor Jesús cuando le dijo a sus discípulos:

       

La respuesta está al final del pasaje: “así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras”.
Jesús quiere que como hijos de Dios seamos un buen ejemplo a los demás.
Tienes que ser buen ejemplo en la escuela, en el hogar, en el club, en el taller de manualidades, a donde vayas y donde estés.

     


1. Una de las cosas que hace la sal es darle mejor sabor a la comida.

¿Alguna vez comieron comida sin sal?. No es muy sabrosa. Por eso las mamás ponen sal a la comida. Cuando un niño se porta mal, no da gusto estar allí. Cuando un niño se porta bien da gusto estar allí.
Los lugares a los que vamos no siempre tienen “buen gusto”. A veces hay sabor a peleas, críticas, celos, trampas, malas palabras.
Los hijos de Dios debemos dar mejor gusto a los lugares donde vamos con nuestra presencia amable, honrada, educada, aceptando a todos.

2. Otra propiedad de la sal es que provoca sed.

Cuando comemos cosas muy saladas como papas fritas, maníes salados, nos da mucha sed y queremos tomar algo enseguida. Esa es una sed física.
Hay una sed que es espiritual. La sed espiritual es tener muchos deseos de conocer de Dios, de amarlo a él. Pero la gente no se da cuenta de esa sed, si no se la provocamos.
¿Cómo le damos a nuestros amigos ganas de conocer y amar a Jesús? Con nuestro buen ejemplo. Cuando ellos ven nuestra buena conducta, que no peleamos, que no mentimos, que no estafamos en los juegos, les va a dar ganas de que Jesús sea su Salvador también.

 

 

Copyright © 2000 - 2004 Esperanza en la Ciudad.com

Reservados todos los derechos