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Todos queremos una sociedad más justa, menos violenta, más respetuosa de los derechos de cada ciudadano. Pero…

¿POR CASA COMO ANDAMOS?

Porque según la Enciclopedia de la Salud de la Fundación Favaloro :

Sin duda el hogar es el ámbito donde se construye, se moldea, se forma el carácter de sus integrantes, o se destruye, se desfigura, se anula. Es allí donde se nos presentan los primeros “MODELOS A IMITAR”, donde aprendemos todo lo mejor, o todo lo peor que ofrece la vida.

Alguien ha dicho:

Esta frase, publicada en un periódico, denuncia uno de los graves problemas que afrontan los jóvenes hoy: La falta de buenos modelos a imitar.

Porque los niños crecen imitando los modelos que les ofrecen sus mayores. Especialmente en el hogar, ellos absorben como esponjas cada modelo transmitido cotidianamente dentro de la familia.

¿QUE ESTAMOS ENSEÑANDO EN NUESTROS HOGARES?

¿QUE VALORES ESTAMOS TRANSMITIENDO EN NUESTRAS FAMILIAS?

Cada día los padres estamos dando lecciones de vida a nuestros hijos.

En tiempos de crisis como los que nos ha tocado vivir, estamos enseñando con nuestro ejemplo, más que con nuestras palabras, si las crisis se afrontan con temor, ansiedad, preocupación constante, depresión, o con serenidad, valor, esperanza y fe. Estamos enseñando si los conflictos se resuelven a gritos, con insultos y hasta golpes, o buscando la armonía familiar en un diálogo reconciliador.

Nuestros ejemplos de vida son decisivos en la formación de la personalidad de nuestros hijos. Dios da a la pareja cristiana la responsabilidad de inculcar en sus hijos desde su más temprana edad los valores fundamentales que los guiarán por el camino de la vida.

El hombre más sabio del mundo escribió:

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. (Proverbios 22:6)

Dios promete que una buena enseñanza en el hogar, avalada por un ejemplo de vida íntegra, dejará profundas huellas sobre las que nuestros hijos puedan pisar seguros.

San Pablo declaró: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”. (1ª Cor.11:1) ¿NOS ATREVEMOS A DECIR LO MISMO A NUESTROS HIJOS?

Gladys D. de Chadarevian

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