Un
infierno en casa
"La
gracia de Dios se ha manifestado... enseñándonos
a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y vivir sobria,
justa y piadosamente" (Tito 2:11,12).
El
hecho de que dos personas se sientan juntas en el templo durante
el servicio de los domingos no impide que puedan agredirse con
violencia una vez que se hallan en privado. El ministerio a las
personas violentas, requiere ministros con gran lucidez, llenos
de conocimientos, gracia y verdad, dispuestos a intervenir con
valentía. Los golpeadores (como los depredadores
sexuales) son infractores de la ley, perversos y sumamente
embaucadores. Aquellos que cometen violencia en el hogar necesitan gracia: una
gracia eficaz, transformadora y verdadera. A medida que se dispongan
a renunciar y a verse reflejados en la verdad, a medida que abracen
al verdadero Mesías, un cambio genuino es posible y seguro
en sus vidas. Existen numerosos pasajes en la Escritura que hablan
acerca del pecado de la ira y la violencia y de las maneras en
que el Redentor trata con estos pecadores. ¿Qué debe
considerar usted para que sus esfuerzos sirvan de ayuda a estos
hombres ( y a veces mujeres)?
Todos
necesitamos de la gracia.
Los
individuos violentos tienen mucho en común con otras personas,
tanto con las que podrían ayudarlos como con las que resultan
heridas por su culpa. Todos somos básicamente semejantes,
según encontramos en 1 Corintios 10:12-13. La
hostilidad entre seres humanos puede manifestarse de muchas
maneras: verbal, física y sexualmente, en las actitudes,
y en los negocios. Asimismo, se presenta con distintos grados de intensidad, desde
el malhumor y las pequeñas peleas hasta la agresión
violenta y el homicidio. La naturaleza de la violencia familiar
no difiere de la de otros pecados comunes. Esta similitud genera
tanto confianza como humildad en aquellos que buscan ayudar a otros:
si usted sabe cómo tratar con su propia ira, cuenta con
buenos recursos para ofrecer a quienes están en la
lucha.
En una oportunidad aconsejé a una pareja que había
tenido nada menos que una lucha armada en su hogar. El haber experimentado
en lo personal el arrepentimiento de la cólera y el mantener
una actitud crítica me ayudaron a entender a esta pareja
y proceder con seguridad y firmeza. Un consejero que desea trabajar
con personas violentas no es un ser inmaculado que se acerca a
individuos pecaminosos. Somos personas que hemos hallado gracia
y vamos al encuentro de quienes la necesitan.
De
igual manera, usted se encontrará con una relación
entre dos pecadores y no con un monstruo sin posibilidad de
redención
que oprime a una inocente víctima que no necesita ser
redimida. Dios estará trabajando en ambas vidas. Por
lo tanto, examine detalladamente cada incidente de violencia.
A menudo encontrará áreas
en las que ambas partes necesitan de la gracia de Cristo para
poder cambiar. Tal vez el hombre
capte la mayor atención
por el hecho de proceder con los puños; sin embargo,
si se mira más profundamente, la mujer podría
ejercer un uso hábil y perverso de la lengua de modo
que incite a la violencia. Los arrebatos de violencia generalmente
representan la "gota
que rebasa el vaso" cuando el abuso familiar es usual
en el hogar en menor grado. Rastree los pecados que ambas partes
tienen en común y también las manifestaciones
individuales.
Su
deseo es ayudar a que la pareja crezca en amor, sabiduría
y paz entre sí.
El
velo de la evasión.
Dado
que las personas violentas eluden con facilidad y crean así una
sombra de confusión, usted necesita conocer
el comportamiento de los violentos. El pecado es engañoso; esto es lo que
enseña Jeremías 17:9. Las
personas violentas no sólo
no se conocen a sí mismas, sino que impiden que otros
las conozcan. Para ellas es común mentir y ocultar, y a menudo
elaboran patrones de engaño. Suelen ocultar
lo que hacen y, en caso de fallar, tienden a restarle importancia
a la gravedad del hecho. Si esto no llegara a resultarles, suelen inculpar a
la persona golpeada, dando la imagen de víctimas inocentes
y afligidas. De no funcionar esto último, se sumergen en
la desesperación y el "arrepentimiento" para que
los demás les tengan lástima.
Tenga
en cuenta la siguientes características del pecado, que comúnmente conforman
el perfil de la persona violenta:
1. Fundamentar el acto de violencia refleja un egoísmo invasivo:
Gran parte de su vida se encuentra dominada por su propio placer,
sus compromisos diarios, sus deseos, sus exigencias, sus antojos.
El aconsejamiento no debe permitir que los pecados que aparecen
a simple vista desvíen la atención de la perversidad
que sustenta un estilo de vida caracterizado por la "impiedad
y los deseos mundanos". A menudo, la conciencia de pecado
es superficial: puede ser que
el golpeador se lamente por sus reacciones esporádicas de violencia, pero rara vez reconoce que lleva
una vida egoísta o las pasiones específicas que lo
controlan.
2. Espere encontrar intrincados y sutiles patrones de autoengaño.
El abusador a menudo siente lástima por él mismo: "Yo
soy la verdadera víctima y la furia es tan sólo una
reacción". Con frecuencia expresa la justa y buena
opinión que tiene de sí mismo diciendo "En verdad
yo no soy así", o bien "Sé que no debería
hacer eso, pero...". A menudo
exhiben una notable habilidad para dividir el corazón y vivir así una
doble vida. Es posible que un hombre golpee a su esposa y luego, una hora después,
se transforme y lidere (dirija) un estudio bíblico con toda
serenidad.
3.
Espere encontrar intrincados patrones de atracción engañosa.
Las personas
violentas (al igual
que los depredadores sexuales) suelen ser seductores innatos.
Se ganan a la gente, incluso restablecen la confianza de las
mismas personas a las que maltrataron y traicionaron. Manipulan
hábilmente a sus víctimas y a los que desean
ayudar, empujándolos hacia un sentimiento de culpa y
de responsabilidad: a los primeros, por lo sucedido y a los
segundos, por no haber mejorado las cosas.
4. Espere
encontrar versiones engañosas de "confesión
y arrepentimiento". Es como si pudieran engañar a Dios,
pero, por supuesto, sólo se engañan a sí mismos
y a los demás. Parecería que usan las palabras evangélicas
adecuadas o que expresan los sentimientos apropiados, pero su "arrepentimiento" no
suele estar centrado en Dios. Por el contrario, sólo expresa
el remordimiento por haber dañado su propia imagen o su
reputación frente a los vecinos. En realidad, este "arrepentimiento" alimenta
el propio orgullo y temor al hombre, que originan el pecado de
la violencia en privado. Es común que las personas violentas
hagan un mal uso de la gracia o bien no la entiendan correctamente.
La gracia se transforma en algo "barato", y el supuesto
arrepentimiento se convierte en una "carrera de obstáculos" que
hay que sortear con el fin de aliviar la conciencia y recuperar
el favor de los demás. Incluso se puede volver una herramienta
del pecado, una solución rápida, a veces calculada,
que barre los problemas bajo la alfombra. Puede ser
que lloren, oren y prometan que nunca más volverá a
suceder, sin que se produzca ninguno de los cambios fundamentales
que implican el verdadero arrepentimiento y la fe en Cristo: la transformación
de la mente y un giro de 180 grados que llevan a un cambio de vida.
5. Los
golpeadores intimidan y manipulan a sus víctimas con
frecuencia. La violencia genera miedo; es un instrumento de control.
En ocasiones hasta resultará difícil obtener los
hechos de boca de la persona golpeada. Es probable que esta desee
fervientemente preservar el momento de paz temoporaria que está viviendo,
o que tema que su honestidad desencadene una represalia, o bien
que haya sido amenazada, "si tu hablas, entonces yo te voy
a ...". Puede ocurrir que a la víctima le resulte sumamente
vergonzoso el hallar estos problemas en el seno de su hogar y podría
ser reacia a dar a conocer el grado de maldad. A todo esto se suma
el hecho de que probablemente usted tenga que enfrentar un complot
basado en el silencio de la familia, que sirve de protección
al opresor.
Estas
son sólo alguna formas que muestran la violencia familiar
como un pecado "secreto". Usted debe estar preparado
para sacar a la luz.
La
palabra de gracia en Jesucristo.
Las
personas violentas necesitan a Cristo; esta verdad se ve en Hechos
3:12-14. La corriente del pecado arrastra y aparta al ser humano
del Cristo vivo. Este es un problema del corazón, que requiere
atención diaria. Jesús que entregó su
vida por los pecadores, abunda en gracia y su gracia es eficaz.
1. Aspire
a una reestructuración profunda del corazón
y del estilo de vida. Los ajustes superficiales sólo logran
que el comportamiento de la persona tenga mayor aceptación
por parte de su núcleo social. Usted debe poner en evidencia
las intenciones del corazón, que mueven al acto de violencia:
las ansias de poder, control, dinero; la búsqueda de placer,
comodidad, amor, respeto, entre otras.
¿Qué cosas se empeña en seguir
haciendo obstinada y deliberadamente esta persona? Sus actos de violencia no tienen que ver con su esposa, sino consigo
mismo y con las idolatrías que arrastró con él al matrimonio. Las
personas violentas fingen ser un dios y luego se comportan como si fueran
el diablo, en lugar de servir a Dios. Deben arrepentirse de sus pecados para
con Dios, que son los que traen como consecuencia los pecados para con los
demás. Tanto el comportamiento como las motivaciones hostiles deben quedar al descubierto
(ver Santiago 3:5-12, 3:14-16, 4:1-4, 4:6 y 4:11-12).
2. Propónganse
solucionar las manifestaciones secundarias de los principales
pecados y reacciones. Por lo general, la critica,
la queja, la irritabilidad, las pequeñas peleas y las discusiones
preceden al acto de violencia y suelen ser manifestaciones externas
que comparten un origen común en el corazón. Las
personas que aprenden a arrepentirse de la queja, y por ende
cultivan la gratitud y la satisfacción en Cristo, casi no tendrán
necesidad de arrepentirse de la agresión y el maltrato.
3.
Presénteles al verdadero Cristo vivo. Jesús abunda
en compasión mas su ira es terrible. Las personas
violentas necesitan conocer el amor de Cristo.
Si bien merecen la ira de
Dios, Él en cambio entregó al Cordero. Jesús
amó a los pecadores, a los impíos, a los malos, a
los débiles, a los enemigos de Dios. El murió para
que los que viven ya no vivan para sí mismo. Dios ofrece
gratuitamente gracia y sabiduría de lo alto (Santiago
1:5, 1:7, 3:17, 4:6 y 4:10). La gracia eficaz y correctora se encuentra
a disposición de todos aquellos que la necesten. Pero es
preciso que las personas violentas aprendan a temer la ira del
Señor. El es celoso y santo (Santiago 4:5 y 4:12). Una persona
que comete un acto de violencia vive sin temor del Señor;
actúa y reacciona como si Dios no existiera. Mas en verdad, "todas
las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquél
a quien tenemos que dar cuenta" (He. 4:13). Comenzar a vivir
transparente significa a llevar una vida sin la privacidad de la
que depende la violencia.
4.
Lleve a la persona violenta a un arrepentimiento centrado en
Dios (Stg. 4:6-10). Lo más importante son los cambios internos.
Compare el "arrepentimiento" manifestado por la persona
con el verdadero arrepentimiento. Los salmos 50 y 51 permiten diferenciar
un arrepentimiento centrado en Dios de uno que no lo es. Conocer
al Cristo del evangelio significa reordenar todo el ser interior
de manera que el pecado ya no triunfe en la vida. No se conforme
con menos. Los que buscan, encuentran; los que creen, reciben el
Espíritu Santo. La pregunta es: ¿Cómo saber
que ha habido un verdadero arrepentimiento? Usted se dará cuenta.
El tiempo siempre se encarga de confirmar la legitimidad de las
cosas. Usted observará cambios radicales en las relaciones
de estas personas, primeramente con Dios y luego con los demás.
5. Ayude a los creyentes arrepentidos a asimilar las alternativas
prácticas, pacíficas y afectuosas de la que puede
hacer uso en lugar de manipular, culpar al otro, intimidarlo y
recurrir a la violencia (Santiago 3:13, 3:17-18). Las personas
son capaces de aprender a escuchar, a preguntar, a pedir perdón,
a detenerse y tomarse un tiempo, a pedir ayuda, a demorar la toma
de decisiones, a ser dadivosos: todas acciones fruto de la sabiduría
que viene de lo alto. El amor
puede reemplazar no sólo los
momentos de violencia, sino también el egoísmo
y la obstinación que antes invadían el estilo
de vida. No hablemos de perfección, sino de progreso. Un corazón
cada vez más entregado es una vida en la que cada vez hay
menos lugar para el odio y la agresión.
6. Emplee los recursos de la comunidad de Cristo (Santiago
5:19-20 y He. 3:12-14). Las personas que se arrepienten
de la violencia necesitan
más que un aconsejamiento "formal" una
vez por semana. Necesitan aprender la honestidad absoluta y dar
razón de sus actos, necesitan que se les recuerden las cosas,
necesitan recibir ánimo y oraciones de intercesión,
necesitan modelos para seguir y también necesitan exponerse
diariamente a la luz. Jamás tuve conocimiento de que un
incidente de violencia familiar sucediera públicamente durante
el servicio en la iglesia o mientras la persona se encontraba hablando
por teléfono con el pastor o con su líder de estudio
bíblico. Ayude a las personas violentas a salir
del escondite y a vivir en la luz. El pecado crece en los rincones oscuros; la
rectitud prospera a la luz del día. Una persona que ha efectuado
un cambio en su interior hacia Cristo, deseará voluntariamente
rendir cuentas al pueblo de Cristo con el propósito de crecer
en la humildad y de que lo salven de sí mismo.
¿Cómo
ayudará usted a las personas que cometen violencia en el
hogar? Ellas necesitan recordar su ser interior de forma tal que
busquen y lleguen a conocer al Cristo del evangelio. Sin el fundamento
de una relación viva con Cristo, será imposible que
ni usted ni los demás hagan lo suficiente para que deje
la violencia. Por el contrario, cuando los pecadores violentos
abrazan al amor de Jesucristo, la doctrina, la mirada introspectiva,
la estructura, el planeamiento, el compromiso, la comunidad y el
consejo, se transforman en canales por donde fluye y se manifiesta
la eficaz gracia de Cristo.
Tomado
de Apuntes Pastorales
Volumen XVII Número 3
Enero-Febrero 2000. Usado con permiso.