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Parte I

 
Así se titula un libro que estuve leyendo últimamente, y que pertenece a un autor que me gusta mucho, Josh McDowell.
Me relaciono mucho con adolescentes y jóvenes y me ocurre periódicamente que los temas y necesidades que percibo me llevan a estar pensando en maneras de poder dar una respuesta a sus preguntas.

Es así que leyendo este libro descubrí una manera de expresar y de dar una respuesta alternativa a uno de esos temas:

EL SEXO

Sin duda esta sociedad ha endiosado y está manejando este asunto desde una perspectiva de “mercado” y de “ganancia”, vaciando realmente su contenido y haciéndonos creer que eso es bueno, porque la vida hay que vivirla, por lo tanto no
hay que pensar.

Vivimos en un mundo donde la bandera es la “libertad sexual”. Hoy confundimos libertad con libertinaje y entonces desde la TV hasta la literatura se maneja el tema reduciéndolo al acto sexual propiamente dicho, vaciando así el contenido del mismo.

Alguna vez te preguntaste ¿por qué en una sociedad donde hay tanta libertad sexual a su vez hay tanta insatisfacción, separaciones y problemas físicos tanto en hombres como en mujeres con respecto a este tema?

Hoy estamos bombardeados de imágenes y palabras, algunas sutiles y otras descaradas referentes al sexo. En las revistas que llegan a nuestros hogares , o por internet, o por la TV, o la radio, podemos escuchar sobre temas tales como: “Los placeres de la libertad sexual” junto a “Los problemas de la libertad sexual”. Más aún “La soledad sexual del hombre”, o un psicólogo podrá hablar sobre “La autoconfianza y el atractivo sexual”; o “Cómo obtener más satisfacción en las relaciones sexuales”.

No importa si eres soltero, casado, joven o anciano: ¡estamos en un mundo sexual, viva el sexo! Todos los ámbitos parecen propicios para hablar del tema pero en ninguno se da una respuesta certera y convincente, que tenga fundamentos para realmente ofrecer una alternativa para todas las personas como tu y como yo que frente a este tema somos demasiados vulnerables y podemos salir muy golpeados.

 

En EEUU hay más de un millón de parejas no casadas que viven como si lo estuvieran y cada vez son más los jóvenes que participan de las relaciones fuera del matrimonio. En la actualidad los adolescentes y jóvenes vivimos bajo la presión de tener que estar siempre listos para entrar en acción. Para algunos esto está siendo “liberador” para otros está siendo “devastador”.

 

¿Cómo vive la mujer esta libertad? Las relaciones que surgen como un juego o algo divertido, resultan generando sentimientos de enojo, culpa, aislamiento y autorechazo; conjuntamente con el sentimiento de sentirse usada, entre otras cosas. La mujer está obligada a ser libre, sensual, sexual, y sin inhibiciones, y cuando no alcanza eso, entonces se siente frustrada y es abandonada.


¿Qué pasa con el hombre? Ellos también sufren. El hombre oscila entre el mito y el deseo de que en una noche es posible disfrutar de una amorosa intimidad pero nunca lo logra. Las relaciones sexuales se han reducido a ser “un juego”, “una diversión”, “una relación natural”, “dos adultos que se ponen de acuerdo para pasar un buen momento”.

 

Sin embargo los planes de quién inventó el sexo eran mucho más profundos y simbólicos que el simple apareamiento, parecido al de dos animales. La información más amplia al respecto se originó hace 3500 años, cuando Moisés escribió en el Génesis, que "Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, a imagen de Dios, varón y hembra lo creó". Desde allí en adelante no se puede ser humano sin ser hombre o mujer. Cada uno por su lado es incompleto, por ello en Génesis 2:24 agrega “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne”. En ningún momento se menciona la relación esporádica y casual. Al contrario se refiere a una unión definitiva y continua entre el hombre y la mujer.

La relación sexual que fue creada por Dios tiene mucho significado. No es simplemente algo que se “hace” o se “tiene”, sino que es el resultado de una unión espiritual, emocional y física entre dos seres hombre y mujer.

La expresión sexual crece y se desarrolla como resultado de la unión permanente y continua y en creciente maduración entre sexos opuestos. Es la máxima evidencia de la unidad que Dios creó para expresar amor.

Algunas personas consideran que es importante tener relaciones sexuales antes del matrimonio para comprobar la “compatibilidad”. Eso es un error, porque en la mayoría de los casos la unión física anda bien. El asunto es la unión en las otras áreas de la pareja, fuera de una cama. La compatibilidad pasa por el complementarse mutuamente en toda la plenitud de la persona y en el entender lo que significa darse por completo al otro. En los planes de Dios, cuanto más unidad espiritual y emocional tiene una pareja, mejor será su vida sexual al ir madurando y desarrollándose con el tiempo.

En una Universidad le preguntaron a un profesor cristiano de ochenta y cuatro años:

- “Dígame profesor, ¿cuándo se deja de disfrutar de las relaciones sexuales?”.

- Y el contestó: “No lo sé, pero debe ser en algún momento luego de los ochenta y cuatro años”.

Y es así como fue creado. Esta clase de unidad, gozo, y placer no puede ser lograda jamás en una relación ocasional de una noche. En realidad, puedes crecer solo dentro del matrimonio, por todo lo que implica dicha unión.

El matrimonio es una unión pública, es una declaración ante el estado, es una promesa de fidelidad, no solo con la persona con quien se contrae sino con la familia
de esa persona y con la descendencia que luego vendrá. El matrimonio es mucho más que “un papel”. Es una alianza que implica un compromiso más allá de las “tormentas”, y le otorga a los contrayentes una seguridad única, que hace que entre ambos se busque el crecimiento, la madurez y la confianza.

Puedes creerlo o no, pero hasta que no lo compruebes no vas a poder disfrutar de la plenitud del ser correspondido y del anhelo sexual que Dios puso en ti. Sólo se tiene éxito cuando se le hace caso al fabricante y cuando se leen las instrucciones del manual de funcionamiento, la Biblia.

A pesar de todo su aparente poder permanente y atractivo, la relación sexual es algo frágil en sí misma. Toma tiempo y necesita seguridad. En realidad, sólo florece cuando se la disfruta en el contexto de un amor sincero e incondicional. Nunca descubrirás la verdadera relación sexual hasta que hayas aprendido a dar y a recibir
el verdadero amor.

Y sobre este tema hablaremos en la próxima.

No dejes pasar esta oportunidad para reflexionar y acercarte de corazón a Dios.

¡Qué Dios te bendiga!

Natalia Kerikian

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