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“Cada mañana al levantarme pongo primero el pie derecho en el suelo y luego el izquierdo. La noche anterior dejo las zapatillas a diez centímetros del borde de la cama. Paso una hora bajo la ducha y apenas termino de secarme me lavo las manos, porque seguro que la toalla la ha usado alguien. Salgo del baño y vuelvo cinco o seis veces a comprobar si cerré las canillas. Antes de desayunar, cuento mentalmente de cien a cero.”

Hay personas que empiezan así todos los días de su vida. Otros tienen manías aún más complicadas. Hay ciertos hábitos que las personas adquirimos que pueden con el tiempo, convertirse en manías, luego en rituales de vida y cuando les adjudicamos un valor sobrenatural, en supersticiones.

SUPERSTICIONES MÁS COMUNES:

Para no tener un mal día:

No hay que pasar por debajo de una escalera

No hay que cruzarse con un gato negro

No hay que abrir un paraguas en un lugar cerrado

No hay que guardar un espejo roto

Si es martes 13 mejor no salir de casa, o no emprender un negocio.

Estos son algunos de los tantos ejemplos al respecto. Estos consejos que a primera vista parecen sin sentido, para muchas personas en la actualidad se han convertido en principios de vida: porque “las brujas no existen, pero que las hay, las hay”.

Para convertirse en una patología, la manía debe ser recurrente, y representar una pérdida de tiempo considerable, producir un deterioro de la vida y de las relaciones o producir malestar. Habitualmente (según criterios psicológicos), la persona sabe que la manía es absurda, pero la sigue practicando.

La superstición por otro lado, es un comportamiento que intenta paliar la ansiedad. La persona tiene una obsesión o miedo al fracaso, a enfermarse o a que le vaya mal. Cuando el vacío espiritual que hay en el ser humano, se busca llenar de cualquier modo menos con la presencia de Dios, entonces ocurren estas cosas. Hay personas que necesariamente deben leer el horóscopo cada mañana, colgarse una resta de ajo en su casa, o una cinta roja para evitar la envidia.

Entonces atribuyen sus malas experiencias a objetos inanimados, que no ven, que no escuchan, que no sienten y que por sobre todas las cosas fueron creados por nosotros mismos, los que confiamos en ellos. ¡Qué complejo es el ser humano! ¿No? Fuimos dotados por Dios con la inteligencia y la desarrollamos inventando objetos a los que luego les atribuimos habilidades sobrenaturales y les encomendamos nuestro futuro. No se si tú te consideras supersticioso, pero como joven ten cuidado, puede parecer inocente, sin embargo examina cuánto dependen tus decisiones de estás cosas o ideas.

La superstición no es algo de ahora. Desde tiempos antiguos el hombre necesitó hacerse, o representarse “su dios” con elementos perceptibles y entendibles a nivel humano. De esa forma surge el fetichismo. Toda esta manifestación “espiritual” humanizada, es una muestra de nuestras limitaciones como humanos. No tenemos la capacidad de abstracción suficiente como para entender que el Dios verdadero no puede ser reducido a imágenes o representaciones mentales nuestras, porque su poder, su dominio, su autoridad y su trascendencia van más allá de lo que podemos entender y expresar nosotros. Por eso debemos aceptarlo por fe. Cuando tú dices: “yo no creo porque no veo”, sencillamente estás reduciendo de manera orgullosa, egoísta y débil lo que Dios es y puede hacer. Dios no necesita de tu buena voluntad para que lo creas. Tú necesitas de su buena voluntad para que atienda a tus necesidades. Es Dios y no hay nada por encima de él. Por lo cual es irrepresentable. El segundo mandamiento que Dios le dio a Moisés en el Monte Sinaí dejaba en claro que no debemos hacernos imagen de Dios, porque no existe en la realidad nada que lo abarque como tal. Por eso sólo puedes acercarte a él por fe. Aquellos que experimentamos la presencia de Dios en nuestras vidas, no podemos expresar con palabras lo que ello significa, por eso te desafiamos a que los pruebes tu mismo, a diario. A Dios no hay que pensarlo, hay que vivirlo.

Sencillamente debes entregarle tu corazón con humildad, pedirle que entre en tu vida y que tome el control de tus decisiones cada día. De tu trabajo, de tu estudio, de tu familia, de tus hijos, de tus padres, hermanos. Depositar en él por medio de la oración tus inquietudes, preocupaciones, dudas. No se trata de una superstición o sugestión; porque Dios no es un invento del hombre, sino el hombre un invento de Dios. No debes tratar de hacerte a Dios a tu imagen, sino dejar que Dios te haga a la imagen de él. Sobre todas las cosas, Dios no tiene poderes humanos, sino que el poder, la fortaleza, habilidades, inteligencia y autoridad humana, son dadas por Dios.

Los supersticiosos son personas frustradas, esclavizadas y que incurren en continuos fracasos porque creen en cosas humanas. Los que creemos en Dios somos exitosos, y libres porque el es el Rey de reyes y el Señor de señores, no hecho de manos humanas sino que la Biblia dice que no tiene ni principio ni fin, que es el alfa y la omega, que es eterno. Date la oportunidad de probarlo. Si ya probaste otras cosas y no te dieron resultado, te aseguro que de esta no te vas a arrepentir.

Dios te dice: “Yo estoy a la puerta [de tu corazón] y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta, entrare a él y cenaré con él y el conmigo.”

Si deseas probar tu vida con Cristo dile:

“Señor Jesús, ya probé otros caminos y no me han dado resultado, hoy quiero abrirte mi corazón y reconocer que tú eres Dios, y que si bien no puedo entender con mi mente tu existencia, sí la creo con el corazón por la fe. Te pido perdón porque hasta ahora no creí en ti y te pido que cambies mi manera de ser y de pensar. Quiero ser libre y aprender a confiar en ti. En tu nombre Amén!”

 

La Biblia dice que si tú con el corazón crees realmente en lo que acabas de decir, están pasando dos cosas: has entrado en la familia donde Dios es el Padre y hay fiesta en el cielo porque Dios se goza en que le entregues tu vida a él. Dios te ama, y desde antes que nacieras preparó un plan perfecto para tu vida, pero él no va a intervenir si tú no se lo permites, porque él te da la libertad para que tú elijas. Si elegiste estar con él, es lo mejor que has hecho, entonces un día estarás con aquellos que llevamos adelante una genuina vida cristiana y que un día veremos a Dios.

Que Dios te bendiga!

Natalia Kerikian

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