El
miedo es un sentimiento común en las
personas.
El
diccionario de la Real Academia Española lo define como: “Perturbación
angustiosa del ánimo por un riesgo o mal que realmente amenaza
o que se finge la imaginación”.
Cada
ser humano, en algún momento de su vida lo ha experimentado:
grandes y chicos, fuertes y débiles, hombres y mujeres.
Hay
distintos tipos de miedos:
al
futuro, a
una enfermedad, a
la muerte,

a
ciertos animales, a
los ascensores, a
las alturas,

a
los aviones,

a
la soledad, a
los espacios cerrados, a
los espacios abiertos,

a
las muchedumbres, a
que fallen las facultades
mentales, al futuro de los hijos, etc.
Por
lo tanto los miedos pueden ser reales o simplemente el
producto de nuestra imaginación. Está comprobado que la mayoría
de las cosas a las que tememos nunca se concretan.
Pero
muchas veces el miedo termina dominándonos, y es ahí cuando
perdemos el control de la situación, al punto de escuchar la
palabra de aquello que tememos y nos da un escalofrío que termina
paralizándonos, sin saber qué hacer.
La
persona empieza a aislarse de todo aquello que está relacionado
con ese miedo y llega a pensar que no hay nada peor que lo que le está sucediendo,
quedando presa de la situación.
En
la Biblia hay varios ejemplos, uno de ellos se encuentra en el
libro 1º de Reyes, cap.19 desde el texto
1 hasta el 18.
Allí vemos al profeta de Dios llamado Elías, que luego
de haber pasado por una situación muy estresante, experimenta
este sentimiento. Y como consecuencia huye, se aisla y hasta desea
la muerte. Pero a pesar de sus sentimientos, Dios no lo deja de lado,
sino que le habla, le da el alimento, le muestra su protección,
se preocupa por él, y le dice lo que tiene que hacer.
Si
tú estás pasando por una situación que te
da miedo, es bueno que sepas que Dios está contigo, sólo
basta que le pidas que te ayude y te de fuerzas para enfrentarlo.
Él
se preocupa por los seres humanos. Debes acercarte a Él,
ya que siempre te está esperando.