Por
este motivo los padres debemos aprender a hablar de sexo con
nuestros hijos. El silencio, las explicaciones oscuras, la evasión, hacen
creer al niño que ha tocado un tema del cual le hubiera sido mejor haberse
callado. Sus dudas e interrogantes seguirán pero no será fácil comunicarlas
cuando percibe que no tiene un terreno familiar propicio.
También
debemos preguntarnos: ¿Cuándo debemos comenzar a abordarlo?
El mejor momento para iniciar el tema es cuando el niño demuestra
interés y cuando inicia
el diálogo sobre alguna inquietud. También nosotros
los padres podemos conducir una conversación en situaciones
especiales, como por ejemplo, la presencia de un nuevo embarazo
en la madre o en algún integrante de
la familia o amigos cercanos. La Prof. Irma Gentile-Ramos en su libro
Puericultura y Pediatría Social señala lo sorprendente
que es la naturalidad con que los niños aceptan las explicaciones
cuando también las respuestas a sus
preguntas son explicadas en forma clara y sin sentido de culpa.
HABLEMOS
SIN COMPLICACIONES. |
Es
conveniente responder a sus inquietudes sin complicaciones. Contar
historias imaginarias de semillas y jardineros, el cuento de la cigüeña
o responder que los bebes vienen de Paris o que se encargan y adquieren
desde un supermercado si bien eran respuestas de antaño, hoy sabemos
que no constituyen una adecuada docencia. Esto conduce a una información
no solo errónea sino nociva a largo plazo porque estamos perdiendo
la confianza.
Es
más recomendable hablar abiertamente, sin rodeos ni complicaciones.
Debemos
tener franqueza cuando hablamos de sexualidad. No debemos mentir
ni engañar. Las mentiras pueden llegar a producir desconfianza e inseguridad
sobre el tema y lo que es peor hacia los mismos padres. Igualmente
el menor buscará las respuestas, pero en otra parte y no siempre serán
las más adecuadas y beneficiosas para su formación. Las verdades a
medias dichas a sus oídos sumados a los recursos de su imaginación
no son herramientas adecuadas para su formación.
USAR
TERMINOLOGÍAS CORRECTAS. |
Cuando
hablamos de sexualidad, debemos usar la terminología adecuada.
Esto significa que debemos llamar las cosas por su nombre. Un vocabulario
correcto demuestra naturalidad y otorga sensación de seguridad
al niño
que nos está escuchando. El uso de palabras y terminologías
que sustituyen los nombres correctos se ha hecho una costumbre muy
popular y esta costumbre, lejos de ser productiva conduce a imaginaciones
erróneas,
produciendo inseguridad y confusión. Particularmente, para los
niñas
es peor aun no dar nombres a sus órganos femeninos. Citar la
vulva como "la cosa" y no asignarle una nominación
es perjudicial, ya que en el esquema corporal, el órgano femenino
es interno, escondido y secreto y es muy importante para toda niña
su identificación.
RESPONDER
SUS INQUIETUDES Y NO ADELANTARSE A SU POSIBILIDAD DE
COMPRENSIÓN. |
La
información sexual que impartimos debe ser limitada a sus
inquietudes y preguntas. No debemos ir mas allá, pero tampoco
quedarnos cortos. Debemos atender sus inquietudes y preguntas.
Es saludable mantener su capacidad natural de preguntar y explorar
aquello que le intriga e inquieta. Para esto, es necesario responder
de acuerdo a su madurez satisfaciendo su necesidad de conocimiento.
Cuando reconocemos que le niño queda conforme puede ser
una señal que respondimos
en forma adecuada.
Las
explicaciones muy extensas tienden a confundir a los niños.
Es adecuado dar respuestas concisas y dejar el espacio y el ambiente
para que el menor se sienta libre para seguir preguntando de acuerdo
a su interés.
VOLVER
A HABLAR DEL TEMA. |
Hablar
de temas sexuales es importante pero no debemos olvidar la necesidad
de retomar la conversación al cabo de un lapso de tiempo. ¿Cómo
procesó
la información?
¿Entendió lo que le explicamos
o generó durante ese
lapso nuevas interrogantes? Los chicos pudieron haber cambiado,
las conversaciones con sus compañeros pueden producir nuevas inquietudes.
Sus propias fantasías pueden generar nuevas dudas y preocupaciones
que serán necesarias evaluar y disipar. Es apropiado preguntarle al
chico qué otra cosa quiere saber y que nos cuente cómo se imagina las
situaciones que le están preocupando.
Estas
son algunas de las actitudes que pueden ser útiles cuando deseamos
encarar en forma adecuada nuestro rol y compromiso educativo. Cada
padre puede buscar o crear otras estrategias.
En
suma, una respuesta clara, sincera, honesta y natural,
coherente a las interrogantes e inquietudes del menor, teniendo
la capacidad de volver al tema cuando sea necesario, darán
los mejores resultados y beneficios para el crecimiento y desarrollo
de sus conceptos sexuales.
Extraído
del libro:
Rol de
los Padres en la Educación Sexual
de sus Hijos
Editorial ACUPS. Dr. Jorge Patpatian.
Usado con permiso