Hace
un tiempo atrás leí en un diario de nuestra capital
(Montevideo) un artículo que captó mi atención.
Se titulaba: “Aprenda
a perdonar y liberarse de su stress”.
¡Cuánto
se habla hoy en día
del stress!, el que se define como un estado agudo de tensión o cansancio
físico o psíquico.
El mismo
no sólo se observa en las personas adultas; lo vemos
cada vez más en niños, con un importante nivel de exigencias
ya que la sociedad, el ambiente, los acelera: “apurate”, “llegamos
tarde”, “tenés que estudiar más”, “tenés que ir
al club, inglés y computación”.
También entiendo que hay cierto nivel de stress, positivo,
que funciona como “motor”, es ese nivel de “tensión” que
necesitamos como seres humanos para emprender proyectos y realizarnos
como personas.
Pero
en esta oportunidad no me quiero detener a desarrollar el tema
del stress en general, sino abordar solamente un aspecto, de aquel
nivel de stress que puede llegar a estar presente en nuestra vida
(conciente o inconcientemente) a raíz de emociones que
no han sido sanadas.
Se han
realizado estudios médicos que han demostrado que el
rencor, el resentimiento, la agresividad contenida y el sentimiento
de culpabilidad crónico están muy relacionados con enfermedades
físicas. Cuando no podemos perdonar realmente, se genera
un malestar emocional importante.
¿Se
ha detenido a pensar cuánto tiempo pierde recordando
continuamente las ofensas recibidas? ¿planeando formas de
venganza? y ¿la forma en que esto lo paraliza no permitiéndole
avanzar en la vida?
Sin
duda no es fácil perdonar. Por este motivo permítame
sugerirle tres consejos:
En primer lugar hay
que reconocer la situación
que nos ha dañado claramente y decidir en forma conciente
sanar esta herida.
En
segundo lugar buscar
ayuda adecuada. A veces es necesario hablar el tema con la misma
persona que nos produjo el daño y, otras veces, es mejor
hablarlo con un amigo, familiar, consejero o un profesional.
Esto es para poder calmar nuestra angustia, ansiedad y buscar
una opinión objetiva de la situación.
Perdonar no es olvidar, ya que somos seres inteligentes y tenemos
memoria. Pero con el tiempo,
y después
de un proceso en nuestro interior, se puede lograr
un cambio en lo que sentimos frente a la situación. Si lo
manejamos adecuadamente es posible no sentir odio, hostilidad,
resentimiento, logrando así el
perdón.
Soy conciente que este planteo puede parecer positivo, pero difícil
de aplicar. No se desanime, porque vivir de este modo es posible.
En
tercer lugar,
todo ser humano a pesar de que no lo quiera admitir tiene un área
que es espiritual, la cual tiene que atender y tratar.
Sólo a través del poder que Dios da se puede llegar
a perdonar verdaderamente. Si permitimos que Él venga a nuestra
vida, su presencia y su amor incondicional nos ayudará a
sanar todo tipo de herida.
Te invito a buscar a Dios con un compromiso real y le permitas que
trate e intervenga en tu vida.
Dice la Biblia : “Sean buenos y compasivos unos
con otros y perdónense unos a otros, como Dios los perdonó a
ustedes en Cristo.” Efesios 4:32
De esta
manera podrás comenzar a “liberarte
del stress” que
llega a tu vida por heridas no sanadas.

Licenciada
en Psicología Elisabet Oundjian