Muchos
dicen ser “cristianos”, o “hijos de Dios”, pero quiero compartir con
ustedes, mi experiencia de vida al respecto.
Desde
niño asistí a la iglesia, todos los domingos, de tal manera que iba
adquiriendo conocimiento y temor de Dios. Pese a que vivía en el campo
y teníamos muchas dificultades, mis padres se preocupaban por mi.
Siendo adolescente tuve la oportunidad de trabajar
entre familiares, en la capital de mi país, Montevideo. Siendo el
año 1970 viajé y me hospedé en la casa de unos tíos.
Yo creía ser cristiano,
pero dentro mío había algo que me decía
que no lo era realmente. Un fin de semana, en la iglesia
a la cual asistía, llegó un mensajero de Buenos Aires y en la última
reunión que tuvimos, vi como mi mejor amigo cerró los ojos y le pidió
perdón a Dios por sus pecados. Yo me sentí un poco incómodo porque
sabía que las cosas no serían igual.
Después de esa reunión muchos fuimos a la casa de mi
amigo y estando allí, el mensajero se dirigió a mi y me preguntó:
¿le pediste perdón a Dios por tus pecados?, (entendiendo
que pecado son aquellas cosas que sabemos que están mal y nos separan
de Dios), mi respuesta no lo convenció y
me invitó a cerrar los ojos para hablar con Dios. Esa
noche fue memorable, de rodillas pedí al Señor que entrara en mi corazón,
que quitara mis pecados y que me aceptara como su hijo, las
lágrimas corrieron por mis mejillas y sentí caer de mi el peso del
pecado.
Pasaron
los años y aquella persistencia y sacrificio de mis padres dieron
fruto y también las palabras de mi abuela antes de venirme a la capital:
“Muchas cosas podrás encontrar en la gran ciudad, pero ante todo busca
primero a Dios”.
Amigo, cuando permitimos que
el Señor Jesús ocupe el primer lugar en nuestras vidas, todas las
cosas son dadas por añadidura, eso se comprueba en el diario
vivir, nunca Él me abandonó, siempre estuvo conmigo en los buenos
y malos momentos. En 1976 me casé con la que actualmente es mi compañera
de vida, tuvimos dos hijos, los cuales también están en los caminos
de Él y me ha dado la posibilidad de ayudar a muchos a tomar una decisión
como la que tomé yo un día, aceptar
la Salvación eterna por el sacrificio de Cristo en la cruz muriendo
por amor....
Que Dios te bendiga!
Alberto
Kusminsky.