A
muchas personas les pasa como a mi, que cuando miramos para atrás en nuestras vidas hay
muchos episodios y hechos personales que nos gustaría cambiar.
Quizás
porque representan una angustia, un error, un fracaso. No sé cuál
es tu realidad. Tampoco sé si eres joven, un adulto,
un anciano/a, pero en pocas palabras,
me gustaría compartir contigo mi experiencia
personal, que
puede ayudarte a tomar una decisión
por Cristo.
Nací en
el Litoral Oeste del Uruguay. Desde niña, a través
de mi madre, me fueron familiares las palabras: iglesia,
Biblia, Jesús, Dios, pero aunque conocía
lo correcto, no lo tomaba muy en serio.
En
Uruguay, es muy frecuente que los jóvenes que nacemos en
el interior del país, en algún
momento de nuestras vidas venimos a vivir a la capital, Montevideo,
ya sea por estudio o por trabajo. Llena de ilusiones y temores
llegué a la capital con 22 años y aquí me
puse a trabajar.
Mi
vida se desarrolló como la de otros jóvenes: paseos,
conocer gente, no tener muy claro el futuro y el propósito
de la vida, quizás un tanto a la “deriva”, y así anduve,
hasta que me pasó lo que les pasa a muchos: “me
di la cabeza contra una pared”. No viene al caso contarte cómo, pero
si que viví desorden, confusión y angustia; hasta
que por medio de una amiga, me acerqué a una iglesia. Pero ¿sabes
cuál fue la diferencia? Esta vez descubrí que Dios,
Jesús, Biblia, es más que una religión, es
VIDA.
En
medio de mi angustia y de mi soledad y equivocaciones, descubrí que
allá arriba, hay alguien que es tan
real como la vida y que pese a que yo no me había querido
dar cuenta, Él
se interesaba por mi; me estaba esperando para tomarme en sus
brazos de amor y devolverme el sentido y el gozo por el cual
vivir. Ése
es Jesús .
Luego
de ese momento especial fui conociendo cada día más
de su Palabra y con el correr de los años, luego de estar
yendo con constancia a una iglesia, conocí a mi esposo y
con él formamos una familia. Dios nos regaló una
hermosa hija con la que caminamos juntos por las sendas del Señor.
Concurrimos a la iglesia todos los domingos; la Biblia es parte
de mi vida: con ella vivo y de ella aprendo todos los principios
de mi vida, como mujer, como esposa, como trabajadora, como madre,
y como hija de Dios que soy; desde que le abrí mi corazón
y le pedí que entrara en él y que tomara el control
de todas la áreas
de mi vida.
Por
eso hoy te desafío: acércate a Dios, pídele perdón
por haber pasado tantos años lejos de Él. Dios te ama
y te está esperando con los brazos abiertos para escucharte. No importa lo que hayas hecho, Él te perdona y se olvida de
tu pecado. Si me perdonó a mi también lo hará contigo.
Me llamo Elsa y te hablo desde mi propia experiencia....
¡¡Que
Dios te bendiga!!
Elsa
de Vera