Ver Otros Artículos de Testimonios

ME HAS TOMADO EN TUS BRAZOS...

 

El propósito de este testimonio es llegar a aquellos que están pasando por una situación similar a la que yo viví, y mostrarles mi salida. 

Me casé a los 21 años de edad (hoy en día llevo 28 años de casado), y fueron llegando mis 3 hijos: Verónica, Mariela y Germán. Con el tiempo fui progresando económicamente:  compré una casa, adquirí confort, todo con un buen trabajo. Pero poco a poco también fui adquiriendo vicios como el alcohol, y malas costumbres que me llevaban a gastar  dinero y salir con “amistades” que fueron dañando la relación con mi esposa.  Hasta que llegó un momento en que fue inminente la separación. Los consejos humanos eran que yo hiciera lo que sentía que era lo mejor, o sea “la ruptura” de mi matrimonio e irme de mi hogar.  A pesar de que pasábamos largas noches dialogando con mi esposa, no llegábamos a un acuerdo, pues yo prometía cambiar pero al poco tiempo reiteraba los mismos errores. 

Hasta que un día  mi esposa sintonizó en el dial una audición radial (Enfoque Cristiano) donde se estaba dando una charla sobre  el matrimonio, y se ofrecía a la audiencia ayuda espiritual.  Mi esposa pidió ayuda, me lo hizo saber,  y concurrimos juntos a una entrevista.  A partir de ese momento ella decidió concurrir a la iglesia a escuchar la Palabra de Dios, pues luego de la entrevista nos quedó claro que la única forma de solucionar nuestros problemas era acudiendo al Señor. Yo decidí  no acompañar a mi esposa , aunque veía bien que ella fuese,  pues notaba  cambios positivos  en nuestra relación.   Al año sentí la inquietud de acompañarlos, pues  mi esposa ya concurría con dos de mis hijos.  

Finalmente,  en un retiro de matrimonios,  el Señor  tocó mi corazón. Ese día comprendí que debía arrepentirme de todo lo malo,  pedir perdón y perdonar,  y comenzar una vida nueva. Y realmente fue así, ¡porque nací de nuevo!   Es difícil expresar con palabras lo que el Señor ha hecho en mi vida.  No sólo restauró mi matrimonio y la relación con mis hijos,  sino que me quitó los vicios  y me ayudó a ir incorporando a mi vida nuevos valores.  Ahora sólo puedo exclamar: “¡Gracias,  Señor, por tomarme en tus brazos!”

Para concluir, les cuento que sigo teniendo las mismas dificultades que tienen muchas personas,  pero al tener al Señor en mi corazón y seguirle, veo cómo se cumplen sus promesas en mi vida.  El es mi guía, mi sostén, mi ayuda.   El me da la sabiduría que necesito cada día.  Por ejemplo,  en mi trabajo como zapatero,  al atender al público,  surgen los temas en la conversación con personas que tienen necesidad de conocer a Dios.   Y yo sé que el Señor no quiere que me calle,  sino que sea un instrumento en sus manos para  ayudar a otros a conocerlo. 

Por eso, como dije al principio, escribo este  testimonio para que otros también crean que hay soluciones a los conflictos con el Señor. 

¡¡¡Bendiciones!!!! 

Heber Almada.

 

Copyright © 2000 - 2004 Esperanza en la Ciudad.com

Reservados todos los derechos