Nací
en un hogar donde los valores y principios de vida fueron marcados
por un padre responsable y riguroso y una madre, dulce y amorosa.
Como parte de aquel celo y cuidado por nuestra educación, mi
padre accedió a una invitación extendida por una vecina,
para que mi hermana mayor y yo (de seis años), asistiéramos
a una Escuela Dominical, donde “recibiríamos buena educación”.
Fue
así como durante mi infancia asistí a las clases, y
allí aprendí cantos que hablaban del amor de Jesús;
de la vida de muchos personajes bíblicos pero sobre todo, de
la vida de Jesús.
Aquellas
enseñanzas eran buenas para mi, porque me desafiaban a portarme
bien, lo cual daba satisfacción a mis padres. También
disfrutaba con otros niños de actividades recreativas que nos
ayudaron a crecer en un ambiente sano.-
Un
día, tuve la oportunidad de asistir a una reunión especial,
organizada por la iglesia a la que pertenecía la escuela dominical.
El mensaje que escuché, contenía verdades conocidas
para mí, pero ese día en especial comprendí
que aquel Jesús de quien yo tanto había escuchado, era
un Dios vivo y que había venido al mundo para que todo aquel
que en El crea no muera, sino pudiera ser salvo. Mi
mente no alcanzaba a entender la profundidad de esta verdad. La
Biblia enseña que todos somos pecadores y no tenemos acceso
a El si no es por la fe en Jesús.
Yo no me consideraba pecadora; era como todos los niños a esa
edad.... alguna travesura, desobediencia, mentira, pero nada grave.
Pero, yo tenía temor (respeto) de Dios; sabía que me
amaba a mí pero no el pecado, y quería obedecerle, así
que acepté esta verdad por fe, porque El lo dice.
Cuando finalizó la reunión, tuve
la oportunidad mediante una sencilla oración, de pedir perdón
por mis pecados y aceptarlo por fe en mi vida.
Aquella decisión personal la tengo grabada en mi mente como
un pacto de obediencia a Dios. Tengo
la convicción que El vive en mí y nada de lo que me
suceda está ajeno a su voluntad.
Aún conservo un ejemplar del Nuevo Testamento que me obsequiara
una maestra aquel día, donde registré la fecha: 19/11/67.
Yo
creí que a partir de ese día iba a
cambiar radicalmente. Me esforzaba por ser "buena", pero
no resultaba.
Pero
me di cuenta, que la vida cristiana es un proceso. Los cambios no
vienen solos y dependen de la confianza y obediencia a Dios.
A
través del tiempo, pude experimentar un proceso de cambios
y madurez espiritual. También tuve la oportunidad de realizarme
personalmente terminando una carrera que me ha dado muchas satisfacciones.
Disfruto de su compañía cada día y aún
en tiempos y circunstancias familiares muy duras, sus promesas fueron
una realidad en mi vida y en la de mi familia.
En
el presente, continúo en el mismo camino, me desempeño
como nutricionista y sirvo a Dios a través de la Iglesia a
la que asisto.-
Oyeni
Kevorkian