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Dios me liberó de la depresión |
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Es
así que en mi incesante búsqueda, fui a cantidad de lugares que me
aconsejaban, como ser Escuela científica espiritista, con “mediums”
que se comunicaban con los muertos, otros de
sesiones de futurología, tirando las cartas, me santiguaba, lo
cierto que siempre salía perturbada. Aproximadamente
a los 33 años, teniendo un hogar con un buen esposo y una hija,
sin problemas económicos, empezó mi tristeza y
amargura, somatizando en noche de insomnio, fuertes dolores de
espalda. Recorrí médicos que no me encontraban nada orgánico y me
mandaron a un Psicólogo al que asistí por espacio de 9 meses, sin
cambios, cada vez estaba peor. Tenía irrupciones de llanto, especialmente
en las noches, pesadillas tremendas, que despertaba con taquicardias y
empapada de transpiración; la depresión me dominaba. En
esos días vino mi cuñada del Interior, radiante y me contó que el
motivo de su felicidad era que había entregado su vida a Cristo y era una
nueva persona; se notaba en su rostro y me recomendó hiciera lo
mismo, fuera a una buena Iglesia, cosa que me fastidió. Hice caso omiso, seguía
triste, adelgazando, sin causa aparente. Mi esposo e hija de 11
años me preguntaban qué me pasaba, pero no tenía respuesta. Un día mi
socio (buena persona) notando mi angustia, me dijo: “Vos tenés
hambre y sed de Dios”. Esta frase fue el detonante, recordé las
palabras de mi cuñado (ya habían transcurrido 2 años), busqué el Nº
de teléfono de la Iglesia Evangélica Armenia, que quedaba a 8 cuadras de
mi casa, pregu No
puedo volcar en el papel el cambio tan maravilloso que Cristo produjo en
mi vida, ya mis lágrimas no son de angustia sino de gozo
y paz; comencé a tener esperanza,
veía todo distinto aún el verde de los árboles y el azul del cielo;
antes veía todo gris; ME QUITÓ LA DEPRESIÓN.
Dios me devolvió la alegría de vivir y a 16 años de aquel suceso puedo
decir que nunca será suficiente mi gratitud a Dios. Tengo luchas,
pruebas, pero Cristo es mi Salvador, mi Consejero, mi Refugio en las horas
difíciles y tengo la seguridad de la vida eterna. Es
mi deseo que tú puedas tener la misma experiencia: recibir a Cristo en tu
vida. Ahora
sí entiendo “la fe inquebrantable”
porque es una realidad en mi vida; Dios dio sentido y propósito a mi
vida. Teresa García de González |
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