Mi
nombre es Miguel y quiero que sepas como fue que Jesucristo cambió mi
vida. Provengo de una familia clase media; el segundo de tres hermanos
donde obtuvimos una muy buena educación familiar tradicional
y de estudios.
El entorno familiar cubría todas mis necesidades, por lo cual,
nunca pensé en formar mi propia familia. Tenía un buen
empleo donde desarrollé mis capacidades intelectuales y me suministraba
dinero para todos mis gustos personales.
Así llegué a la edad de 36 años casi sin darme
cuenta del tiempo que transcurrió. Ya el entorno familiar había
cambiado un poco, la jubilación de mi padre: casamiento de
mi hermano mayor, los problemas de noviazgo de mi hermana menor y algunos
problemas de convivencia y dinero en el núcleo de la
familia.

Fue
ahí que comenzó una
intranquilidad interior por encontrar ayuda instantánea, la cual no encontré. Y mi vida seguía
su camino teniendo todo menos paz y tranquilidad.
Conocí casi de casualidad una persona con la cual entablé un
diálogo, o dos monólogos pues yo hablaba
de mis temas y gustos, y ella me
hablaba de Jesucristo y el poder que Él
tiene para ordenar y cambiar los problemas y angustias
en esa paz que yo buscaba.
Mi pensamiento fue de compasión: "pobre le lavaron
el cerebro" y
enseguida cambié por bronca contra quienes lo hicieron;
así que
sin levantar sospechas le pregunté a que iglesia
asistía
y allí fui.
Mi intención era la de encarar al responsable de esa iglesia
o sea a su pastor, pero llegué a la mitad de un
culto y por lo tanto tomé asiento y esperé hasta
el final del mismo. Simplemente me dediqué a escuchar
el mensaje que desde el frente se daba, y cuyo contenido
apuntaba al pecado en todas sus formas y por ende al
pecador. A medida que avanzaba el mensaje me
sentí identificado
con varias de esas formas de pecado; al finalizar tuve
mi encuentro con el pastor de la iglesia quien me escuchó y
rebatió mis
acusaciones con la palabra de Dios escrita en la Biblia.
El resultado fue que luego de varias entrevistas con
el pastor éste
me preguntó si no quería recibir a Cristo
en mi corazón:
que podía hacerlo simplemente con una oración
aceptando que yo era un pecador, que Cristo
murió en
la cruz cargando con todos mis pecados y que a partir
de ese momento le entregaba mi vida en sus manos......y
oré.
Hoy
puedo contarte el resultado maravilloso que obtuve desde aquel
día.
Los problemas no desaparecieron en mi hogar paterno,
pero si encontré paz
y un propósito para mi vida. Dios
me bendijo con una esposa que amo y a ambos nos regaló una
hermosa hija con la cuál
concurrimos a la iglesia y crecemos en su palabra.
Como
ves, estoy contando parte de mi vida más íntima,
la cual se puede parecer a la tuya, tú también
puedes tener el mismo resultado, entrégale
tu vida a Jesucristo y sentirás
que existe una nueva vida con paz y propósito.
Miguel
Vera