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¿CÓMO LLEGAR A SER CRISTIANO?

 

 

mensajeLa respuesta a esta interrogante es el tema central de la Biblia.  Muchos piensan que el concurrir a una iglesia, o creer en la existencia de un ser superior, es suficiente para calificarlos como cristianos.

 

Tampoco faltan quienes argumentan “yo soy cristiano, a mi manera”.  Sin embargo Dios ha querido que todos puedan llegar a conocerle, y lo ha revelado en su palabra, que es la Biblia.  Observemos juntos lo que nos enseña.

 

 

Dios es amor.

 

Muchas veces tenemos imágenes distorsionadas acerca de Dios, que provienen de fábulas y tradiciones que no tienen fundamento bíblico.  El evangelio declara que: “De tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16).

Dios ama a todos los hombres y mujeres sin distinción de edad, condición económica, desarrollo cultural o situación espiritual.  Aunque usted sienta que no es merecedor de la bondad de Dios, el amor de Dios permanece inalterable.  Podemos acercarnos al Señor, confiando en lo que explica la Biblia: “El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo, para que ofreciéndose en sacrificio, nuestros pecados quedaran perdonados.” (1ª Juan 4:10).

 

El hombre es pecador.

 

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y le dio una vida abundante.  Nos hizo para ser sus compañeros y para que disfrutáramos de salud espiritual.  Pero no nos hizo un robot para que le amáramos y le obedeciéramos, sino que nos dio voluntad y libertad de elegir.  El hombre escogió vivir sin considerar a Dios y esta desobediencia al Creador explica el fracaso moral y espiritual de la humanidad.  Aunque el hombre intente justificarse diciendo “yo no le hago mal a nadie”, la Biblia es contundente al afirmar: “Todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios”. (Romanos 3:23).

Aunque nos cueste admitirlo, todos estamos en la condición de pecadores.  Es que, muchas veces, nos comparamos con otros y, a nuestro juicio, salimos favorecidos.  En realidad queda al descubierto nuestra debilidad, al considerar la santidad y perfección de Dios.  Es a raíz del pecado que nos separamos de Dios, pero también de nuestros semejantes.

 

Cristo murió por nosotros.

 

Dios nos ofreció, en la persona de Jesús, lo que el hombre no puede conseguir por sus propios méritos.  Así como el pecado produjo un abismo de separación entre Dios y el hombre, la crucifixión y muerte de Cristo tendió un puente de reconciliación.

La Biblia dice: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. (Romanos 5:8).

Su muerte no fue accidental, sino que tuvo el propósito de ocupar el lugar que nos corresponde como consecuencia del pecado. Explica la Biblia que: “Murió el justo (Jesús) por los injustos (hombres) para llevarnos a Dios”. (1ª Pedro 3:18).  Resucitó al tercer día y vive para perdonar, sostener y guiar a todos los que confían en él.

 

Tenemos que recibirle en nuestra vida.

 

Dios quiere que toda esta información acerca de él, se incorpore como una verdad práctica a su vida.  Es el anhelo de Dios vivir en su corazón.  Dice el evangelio: “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les concedió el privilegio de ser hechos hijos de Dios”. (Juan 1:12).

Dijo Jesús: Yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él”. (Apocalipsis 3:20).  Él golpea la puerta para entrar, pero no la tira abajo.  Al oír la voz de Cristo, llamando al corazón, él espera que usted voluntariamente abra la puerta de su corazón para recibirle.

Cuando Cristo llega a una persona quita el pecado, la culpa, el temor a la muerte y pone una nueva vida de gozo y esperanza.

 

¿Cómo recibir a Cristo?

 

Dios está presente en todos lados.  No importa donde usted se encuentre en este momento, puede recibirle ya.  Lo que tiene que hacer lo explica la Biblia en cuatro pasos:

 

Reconocer que ha pecado contra Dios.

 

Jesús dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”. (Mateo 9:12).

Si una persona enferma no admite su condición física, no tomará el medicamento que el médico recetó y seguramente su salud empeorará.

Lo mismo sucede en la relación del hombre con Dios.  Sólo cuando admitimos que somos pecadores, estaremos dispuestos a buscar la ayuda de aquel que limpia el pecado: Jesús.  San Pablo lo entendió claramente y reconoció: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero”. (1ª Timoteo 1:15).

 

Estar dispuesto a apartarse del pecado.

 

Esto es lo que la Biblia llama “arrepentimiento”, que no es lo mismo que remordimiento.  Este último genera culpa, vergüenza y no produce ningún cambio.  El arrepentimiento conlleva la idea de reconocer nuestra situación espiritual y el dolor por haber desobedecido a Dios.

Pero también significa un cambio radical en nuestra actitud y enfoque de la vida. No es quedar lamentándonos, sino apartándonos de toda forma de pecado, para vivir en relación personal, voluntaria y gozosa de obediencia a Dios.  Jesús dijo: “No he venido a llamar a justos sino a pecadores al arrepentimiento”. (Lucas 5:32).

 

Tener fe en lo que Cristo hizo.

 

Observe que dice “fe”.  Es más que una creencia intelectual.  Según la Biblia tener fe o creer, es entregarse totalmente.  Tal vez usted no comprenda todo el alcance de vivir una nueva vida con Cristo, pero sabe que le necesita y quiere caminar con él.  Tener fe en lo que Cristo hizo, significa entender que él murió por nuestros pecados, que no hay otro camino para reconciliarnos con Dios que ese y que, al entregarnos a él, pasa a vivir en nuestro corazón.

 

Invitar a Cristo a venir a nuestro corazón.

 

Esto se hace a través de la oración. A esto le llamamos recibirle como Señor y Salvador.  En donde usted se encuentre, ahora mismo puede pedírselo a Cristo.  Si no sabe cómo hacerlo, le sugiero esta oración de entrega:

 

“Padre celestial, en este día reconozco que soy pecador y que necesito tu perdón.  Creo que Cristo murió en la cruz por mis pecados, y que por su gran amor me perdona.  Estoy dispuesto a dejar el pecado, y te pido que me des poder para vivir como a ti te agrada. Ahora mismo invito a Cristo a entrar a mi vida, como mi Señor y Salvador.  Quiero seguirte y con tu ayuda obedecerte.  En el nombre de Jesús.  Amén.”

 

Si ha hecho su entrega a Cristo, la Biblia le promete que:

 

Sus pecados le son perdonados.

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”.

(1ª Juan 1:9).

 

Cristo vive en usted y le acompaña.

“Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

(Mateo 28:20).

 

Su vida empezará a cambiar.

“El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.

(Filipenses 1:6).

 

Usted tiene vida eterna.

Dijo Jesús: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

(Juan 5:24).

 

 

En este momento no confíe en sus sentimientos o sensaciones, sino en Dios y sus promesas.

Última actualización el Sábado, 16 de Mayo de 2009 20:20